Isla Nueva, vida nueva

Nuevo día y nueva Isla. habíamos pasado una jornada completa en un ferry, con nuestras bicis aparcadas en sus tripas mientras nosotros nos reposábamos en los sofás del interior rumbo a Gran Canaria, dónde nos encontraríamos con muchos compañeros con los que habíamos acordado celebrar el carnaval (que era aquella noche), juntos. El viaje no fue barato, ni corto, pero sí revitalizador, además habíamos encontrado algo de ropa de los 60 en la vieja casa y nos habíamos disfrazado con ella, así que estábamos ya preparados para bajar del barco y comenzar a festejar.

Tan pronto como acabamos el viaje, de 8 horas, nada menos; hablamos con los guardias de seguridad de la zona para que dejaran a nuestras bicis pernoctar allá, mientras nosotros nos divertíamos. No fue difícil, y en pocos minutos estábamos en el centro de un bullicio, en el núcleo de un gran grupo de amigos, bailando y cantando entre los vestidos de colores y lentejuelas de los "canariones".

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