Curvas, Sudor y... Teide!

Me levanté pronto, hacía frío. Subí a la bici y seguí las lineas blancas de la carretera, todo lo que la niebla matutina de la montaña, de 3700m, me dejaba ver. Las seguí, a veces con energía, a veces cansado, pero siempre despacio, poco a poco, girando las faldas de aquella gran roca de lava... Pasaban las horas, pero no los kilómetros, descansaba, pedaleaba... pero la cima estaba siempre lejos.

Horas depués, muchas horas después, pasé las nubes, una frontera que sólo había superado volando en avión en cualquier otro de esos Viajes baratos de los que siempre hablo... y alcancé la cima, nada más alto que yo y mi bici, y nada más grande que mi cansancio; estaba derrotado. De pronto me llamaron, eran las chicas, me alegré, pero no tenía fuerza ni para sonreír, así que esperé allí para encontrarlas.
Comí llegaron y bajamos a Tenerife por separado, ¡Qué hermoso bajar 30 kilómetros sin pedalear ni una sola vez!

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